El café de la juventud perdida

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Partía de la lectura de la Trilogía de la ocupación, tres libros que son en realidad uno solo; las primeras obras de Modiano. La unión de estos y la lectura de los mismos me llevó a considerar que los tres eran en cierta manera el mismo libro, donde quien nos habla es Modiano en uso de su protagonista (variable en cada uno). Esta pequeña introducción me dio fuerzas para encarar con ganas un libro más conocido del reciente premio Nobel.

El café de la Juventud perdida narra desde varios puntos de vista la historia de Louki y el café Conte. Cada capítulo está narrado por un personaje diferente que va llenando los vacíos alrededor de Louki la misteriosa protagonista, siempre presente pero distante, al igual en cierta medida que el café Conte.

Comparte un protagonista con sus anteriores novelas, este sin lugar a dudas es Paris, que ejerce de hilo, de anfitrión y me impregna de ganas de conocer el París de Modiano, lleno de No-Zonas, fronteras invisibles, escondites, zonas neutras… No hay que negar que es quizás lo más duro de leer del libro, juntamente a la gran cantidad de personajes, Modiano nos llena de calles, rutas y plazas, y puede hasta llegar al agobio.

Con los breves pero intensos relatos del libro Louki se convierte en la pareja de hecho de París, en lo que parece ser la relación más real de todo el libro, tiñendo la ciudad de nostalgia y hasta de impresión etérea o irreal. Pocas palabras y cada una importante para, pese a no tener una línea temporal tradicional, terminar con un final brutal.

Como en la gran mayoría de los personajes principales de Modiano llego a sentir envidia de la forma en que la vida los arrastra. Tanto en sus primeros libros, como aquí, parece que pierden libre albedrío en una realidad asfixiante, en un entorno donde el presente o los hechos suceden externamente a ellos y solo deben atenerse a los mismos.

Envidia, pese a que son personajes normalmente sombríos, con matices, y Modiano les presenta una vida donde las decisiones son fruto de un argumento que flota en nuestra lectura.

Si bien es cierto que en este libro el tema de la identidad judía no existe, aparece también la falta de apego, la nula presencia de raíces. Como con las decisiones, la novela nos presenta personajes que se encuentran en constante estado de desconexión, en un mundo que parece no ser el suyo y que les ha lanzado a las cuestas de París.

Café de la juventud perdida es una novela DURA, parece corta pero no lo es, llena de nombres y direcciones pero es tan intensa que se pasa como un suspiro y terminas con ganas de más. Lo recomiendo.