Suicidio de un soñador, de Bertran Salvador (Premio relato UPF 2015)

Suicidio de un soñador

            Me mudé al carrer Tallers disfrazado del famoso hidalgo: un poco enloquecido por la literatura, un poco deseoso de vivir aventuras idealizadas. La señora Carmen me recibió con la tendencia barcelonesa a robar tonicidad a las vocales, sin mirarme apenas y sin ganas, como si pudiese permitirse escoger a sus clientes. No podía, o así lo parecía cada vez que hablaba de les factures. Tu habitació es la primera a la derecha, es paga religiosamente el primer día de mes, si no porta, ladró mezcla de un castellano andaluz y un catalán centralista. Asentí y cogí las llaves, y para ser la primera a la derecha era perfecta, un camastro desvencijado, una ventana que daba a la suciedad de la calle y una mesa de esas que llevan tiempo soportando al tiempo. Allí dejé las tres páginas interminables que me había escrito la dulce Lucía antes de marcharme. Ni terminé de leerlas. Seguro que acabarían con un te quiero, o te querré, o te recordaré, o no me olvides.

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