Paseo

PASEO

Andaba vagando con destino fijo,

debía cazar el momento para que yo no me pudiera cazar.

esa noche los vinos me llevaron fuera,

donde la social soledad me acompañaba en mi retiro.

Soñé con conocer aquello oscuro de mi, soñé con aceptarlo.

quizás ser visible, como antaño fue.

Amplié mi campo de batalla, triplemente ocupado con nuevos

preciosos, y verdaderamente nauseabundos referentes.

Menudo sinvivir. Conocí los placeres de la otra vida.

El mundo no se me daba mal, agradable prisión,

quizás quisiera lo contrario. Menudo hipócrita.

Sentado donde quiero estar, desando algo que no existe. Presente.

¿Acaso me he movido? ¿Acaso importa?

Mañana un mundo saldrá en el mismo paseo. No soy el único ¿Verdad?

Luces y sombras

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Del mismo modo que las luces y las sombras pueden cambiar cómo ves la cosas, también podemos vivir esta misma ilusión con el tiempo.

¡Qué bonito vemos el pasado! ¡Cuánto color, cuánta inocencia, cuánta esperanza en nuestros recuerdos! Y en cambio observamos el presente de manera gris, monótona e incluso triste al compararlo con los años mozos.

Del mismo modo, el futuro es el lugar donde queremos llegar, porque es dónde se encuentran nuestros sueños, esperándonos. ¿Es por eso que nos pasamos toda la vida “preparándonos” para el futuro? ¿Y qué es el futuro señores? ¡El futuro no existe! El futuro está de forma permanente delante nuestro y el pasado siempre será un tren perdido. Entonces, si nuestra vida se basa en los recuerdos del pasado y en los sueños del futuro, ¿acaso estamos viviendo en algún momento el presente?

Es verdad que no se puede vivir como si cada día fuera el último, pero tampoco tiene sentido dedicar nuestras vidas a una cosa que no existe. Tendríamos que intentar vivir los sueños del día a día, los sueños del presente, y que éstos se convirtan en recuerdos, porque si sólo trabajamos para el futuro y nos olvidamos del presente, entonces los recuerdos del pasado empezarán a desaparecer.